martes, 8 de enero de 2019

Crítica de 'La quietud'


Después de la interesante propuesta que supuso El clan (2015), Pablo Trapero se atreve con una propuesta arriesgada, un drama con la familia en primer plano protagonizado por Bérénice Bejo, Martina Gusman y Edgar Ramírez.

La Quietud cuenta la historia de dos hermanas que se reencuentran después de pasar mucho tiempo separadas. Una regresa por el delicado estado de salud de su padre, mientras que la otra pretende hacer como si nada hubiera cambiado. Junto a la madre, las tres se verán obligadas a reconstruir el pasado y a enfrentar los desafíos que aparecen en el presente.

Foto: filmaffinity,com

La quietud mezcla el melodrama trágico y clásico con el folletín desenfadado. Su resultado es bastante correcto e incluso divertido, aunque el tema central de la película no lo es en absoluto. Este drama familiar destaca por la interpretación y entrega de tres actrices que lo dan todo: Bérénice Bejo, Martina Gusman y Graciela Borges.

En la última cinta de Trapero, el director argentino sabe dividir su peso narrativo en dos actos: el primero es más contenida, pausada y calmada, mientras que en el segundo se suelta la melena y se desata, siendo muy pasional y albergando una gran cantidad de sentimientos.

La quietud es un drama perfectamente elaborado con muchas capas y que logra ser bastante entretenido, con un registro emocional de las hermanas muy interesante. Sin embargo, esta mezcla de la que hablamos en el párrafo anterior puede pasarle factura, y es que sus contrastes pueden ocasionar que se acabe produciendo un batiburrillo de tonos y al final no tendrás claro qué sentir con lo que ha estado pasando en la pantalla en las casi dos horas de metraje.


Valoración: 3/5

Lo mejor: El duelo actoral entre Bérénice Bejo y Martina Gusman

Lo peor: Que los cambios de tono de la película puedan resultar confusos

martes, 1 de enero de 2019

Crítica de 'Tiempo Después': una locura que amarás o te horrorizará


Hay directores que, para bien o para mal, no dejan indiferentes a nadie. Este es el caso de José Luis Cuerda, director de la excelente La lengua de las mariposas (1999) que lleva desde 2012 sin ofrecer un trabajo nuevo. Ahora, ha vuelto con una loca comedia futurista, Tiempo Después, que podría servir como secuela de Amanece, que no es poco (1989).

En ella se reúne de cómicos como Arturo Valls, Berto Romero o Raúl Cimas y también de actores consagrados como Gabino Diego, Blanca Suárez o Roberto Álamo. Tiempo Después se desarrolla en un futuro muy lejano donde el mundo se ha visto reducido a un solo Edificio Representativo y a unas afueras cochambrosas habitadas por todos los parados y hambrientos del cosmos. De todos estos desgraciados destaca José María, quien se da cuenta que, mediante la venta de una riquísima limonada que él mismo manufactura, otro mundo es posible.

Foto: filmaffinity.com

Como vemos por su argumento, es tremendamente surrealista y este puede ser un punto positivo o muy negativo, depende de cómo se mire. Tiempo Después quiere generar carcajadas infinitas con una sucesión de un chiste tras otro, algo que puede provocar cierto hartazgo. Es probable que las carcajadas imperen en gran parte de la sala, pero si no te gusta su estilo (lo que es mi caso) serán 95 minutos interminables.

Tiempo Después quiere hacerse la graciosa y esto es algo que nunca funciona. Todo está muy forzado, se basa en gags continuos de actores que entran y salen de la pantalla. Una comedia demasiado coral que no tiene gracia más allá de dos o tres chistes puntuales. Chistes muy vistos y chascarrillos culturales que la hacen rancia y que no sea la comedia que el público demanda. Probablemente se convierta en una película de culto, pero no se merece nada este puesto. Un filme antiguo que podría funcionar a principios del siglo XX pero no ahora.

Valoración: 2/5
Lo mejor: Es indiscutible que su cast es inmejorable
Lo peor: Es rancia y su constante afán por provocar la risa fácil no funciona

martes, 25 de diciembre de 2018

Crítica de 'Spider-Man: Un nuevo universo', la gran sorpresa de la animación del año


Nadie lo diría, pero lo que parecía ser una parodia sin gracia y sin ningún tipo de sentido se ha convertido en una de las películas de animación del año y que, incluso, podría tener posibilidades para los próximos Premios Oscar. Así es Spider-Man: Un nuevo universo, dirigida por el debutante Bob Persichetti y Peter Ramsey (encargado del filme de animación El origen de los guardianes) y de su guion, entre otros, se encargan Phil Lord y Christopher Miller, responsables de La Lego Película.

Spider-Man: Un nuevo universo presenta a Miles Morales, un adolescente de Brooklyn y a las ilimitadas posibilidades del nuevo universo de Spider-Man, donde más de uno puede llevar máscara.

Foto: filmaffinity.com

Uno se acerca con cierto miedo a la cuarta versión del trepamuros en 16 años, pero con solo ver cinco minutos de Spider-Man: Un nuevo universo uno se da cuenta de que está ante un producto de calidad y que puede ser un nuevo modo de llevar héroes a la pantalla grande. Su original animación nos permite ver las diferentes versiones de un mismo personaje y es bastante curioso.

La brillantez de esta enérgica película queda patente en su sorprendente habilidad para reutilizar y poder expandir todo lo que ya conocíamos y habíamos visto antes. No se toma en serio a sí misma, se despreocupa de si lo que está haciendo funciona o no y eso es muy positivo.

Puede que alguno se lo pierda por spider-agotamiento, pero lo cierto es que su universo nunca había transmitido tanta frescura. Es divertida, hipnótica y muy conmovedora. Ante una época donde los filmes de superhéroes están demasiado de moda, Spider-Man: Un nuevo universo era el filme de Marvel que todos necesitábamos. Stan Lee se sentiría muy orgulloso.


Valoración: 4/5

Lo mejor: Que su humor descarado funciona

Lo peor: Que se pueda ver como una simple parodia y que se la infravalore

martes, 18 de diciembre de 2018

Crítica de 'Mortal Engines', la superproducción de estas navidades


Este año, a falta de Star Wars, hacía falta una gran superproducción que ocupara la cartelera en estas navidades. Esta plaza la ocupa Mortal Engines, aventura postapocalíptica dirigida por Christian Rivers y con guion de Peter Jackson. ¿Cómo habrá sido el resultado?

Mortal Engines se desarrolla miles de años después de la destrucción de la civilización por un cataclismo, la humanidad se ha adaptado y, ahora, existen gigantescas ciudades en movimiento que vagan por la tierra sobre enormes ruedas absorbiendo a los pueblos más pequeños para obtener recursos. En una de esas colosales urbas, un joven deberá luchar por su vida junto a una peligrosa fugitiva. Dos opuestos que forman una peculiar alianza destinada a cambiar el curso del futuro.

Foto: filmaffinity.com

El filme tiene un tono épico que le sienta muy bien. Sus escenas de acción son explosivas y sabe mantener el interés. Se nota que su libreto ha sido firmado por Peter Jackson y que está detrás de la producción. Es una fiel adaptación a los libros y el espectador se entretendrá durante los 130 minutos de metraje.

La cinta, entre otras cosas, destaca por la química entre Hugo Weaving y Hera Hilmar. Gracias a ella, se transmite mucho en la gran pantalla y hace que funcione. También ha sido un acierto el contar con actores poco conocidos en detrimento de por lo que suelen apostar las grandes producciones. Esto le da un toque intimista que le sienta muy bien.

Sin embargo, Mortal Engines falla en algo. Pese a que funciona muy bien como adaptación, es algo densa, queriendo calcar lo que ocurre en los libros y esto, en una película, no es posible. Quiere ser demasiado épica y, en algunos momentos, pretende imitar a El señor de los anillos sin éxito. Es aquí cuando pierde parte de su fuerza al no tener un sello 100% propio.

Valoración: 3/5
Lo mejor: La química entre sus protagonistas
Lo peor: En algunos momentos le falta un sello propio

martes, 11 de diciembre de 2018

Suspiria, un remake con muchos excesos


Con Call me by your name (2017), Luca Guadagnino demostró que era un director a quien había que seguir la pista. Por eso, cuando se confirmó que iba a ser el encargado de llevar a cabo el remake de Suspiria, película de 1977 dirigida por Dario Argento, había muchas esperanzas puestas en ella.

La cinta, protagonizada por Dakota Johnson (50 sombras de Grey) y Tilda Swinton (Las crónicas de Narnia), es de esas que no tiene término medio: o te encantará o la odiarás y, por desgracia, ha ocurrido lo segundo. Guadagnino se excede, decepciona y se equivoca al interpretar el clásico de Dario Argento.

Foto: filmaffinity.com

Suspiria abusa del melodrama y busca ser demasiado independiente y compleja. Sus 152 minutos se hacen eternos y es que es aburrida hasta la saciedad. Pese a una ambientación muy buena, no logra que el espectador se meta en su clímax.

Otra de sus grandes decepciones es que no da nada de miedo. Mientras que el clásico de Argento erizaba la piel y te hacía pasarlo muy mal, el remake te deja frío. La excesiva importancia que se le da al diálogo hace que no haya lugar para el terror. Ni su atmósfera ni la locura que pretende desprender es suficiente.

El problema de Suspiria no viene por su dirección, ni mucho menos por su cuidada estética y preciosa fotografía. Ni siquiera por las interpretaciones, ya que vemos a unas Dakota Johnson y Tilda Swinton que lo dan todo. Por lo que la cinta de Guadagnino no funciona es por contar con un guion que quiere abarcarlo todo, abusando del psicoanálisis y con un final muy decepcionante y atropellado que nada tiene que ver con el ritmo pausado del resto de la película. Un trabajo que podría ser mucho pero que, desafortunadamente, se queda en la nada.


Valoración: 2/5

Lo mejor: Las interpretaciones de Dakota Johnson y Tilda Swinton, así como su estética

Lo peor: Un guion aburrido y que no atrapa nada